La Insuficiencia Renal Crónica (IRC) es una enfermedad multicausal que consiste en la pérdida de la función del riñón, que va desde el daño parcial hasta el fallo total del mismo y puede ser ocasionada por diferentes razones, ya sean factores genéticos, ambientales y/o de comportamiento. Entre las causas conocidas de la IRC se encuentran principalmente la diabetes y la hipertensión arterial.
En países como Estados Unidos, España y Suecia, la enfermedad se ha asociado a grupos sociales muy pobres, con bajo peso al nacer, violencia doméstica, alta tasa de fecundidad, consumo elevado de alcohol, drogas y cigarrillos o en inmigrantes de los países del Tercer Mundo.
No se conoce que exista una relación directa entre la IRC y el cultivo de la caña de azúcar como lo demuestra el hecho de que países como Guatemala, Cuba o Brasil no conocen en sus zonas azucareras epidemias de IRC y en cambio Japón, que no tiene cultivo de caña, reporta el mayor índice de afectación mundial.
La IRC en Nicaragua comienza a ser objeto de seguimiento en el sistema hospitalario nacional en la época del cultivo del algodón.
En efecto, fue durante esos años que el entonces Hospital Central de Managua (El Retiro) comenzó a reportar una mayor prevalencia de esta enfermedad en pacientes que provenían de la región occidental del país. Esto dio pie a que se estableciese un vínculo empírico entre el desarrollo de la enfermedad y el cultivo algodonero.
Después de la desaparición del cultivo del algodón y bastante antes que se expandiese el cultivo de la caña, la prevalencia de la enfermedad en el Occidente del país se mantuvo en una proporción del 12 al 20 por ciento con etiología indeterminada, principalmente en la población masculina (20 a 45 años). Esta cifra se mantiene actualmente.
En los últimos 15 años se ha producido un incremento del 200% de la producción azucarera en Nicaragua y la prevalencia de la enfermedad se ha mantenido estable.
La prevalencia de esta enfermedad se da sobre todo en la región del Pacífico (León, Chinandega, Managua, Masaya, Granada, Carazo y Rivas), lo que incluye territorios donde no existe actividad azucarera, como algunos municipios de León (Larreynaga, La Paz Centro, Nagarote). León es el departamento que tiene la tasa de prevalencia más alta del país.
En Nicaragua, los registros oficiales de enfermos con IRC están circunscritos a los pacientes atendidos en el Sistema de Atención Integral de Salud (SILAIS) y de conformidad con estos datos, el país contó en el 2006 con una morbilidad (cantidad de enfermos) de 1710, cifra que se ha mantenido bastante estable desde el año 2000.

A inicios de la década de los 90, los médicos del Ingenio San Antonio dan la voz de alarma en relación a la presencia de IRC en la mano de obra del Occidente del país.
Desde 1991, con apoyo directo o indirecto de la empresa se han realizado 20 estudios sobre distintos aspectos de la afectación de esta enfermedad en el occidente del país.
Uno de los estudios realizados en el año 2000 sobre la presencia de la enfermedad en otras poblaciones que nunca han tenido actividad laboral agrícola, indicó que los estibadores del Puerto de Corinto y niños en edad escolar de León y Chinandega, tenían el más alto índice de alteración de la creatinina, con un 26 por ciento.
Investigadores españoles, quienes han trabajado la región del Pacífico desde Guatemala hasta Panamá, estudiaron la relación de la presencia de proteína en la orina y daño renal en personas que viven en regiones menores a los 100 metros sobre el nivel del mar y se encontraron que el 26 por ciento de los hombres tienen manifestaciones tempranas de daño renal en comparación de los que viven por encima de este nivel.
Otros estudios realizados por el Departamento de Medicina Interna del Hospital Escuela “Oscar D. Rosales”, de León, encontraron que la actividad laboral agrícola sólo produce una aceleración de la evolución de la enfermedad en personas que de previo la padecen y que no es causa reconocida de producción de IRC.
No obstante que se han realizado múltiples estudios o investigaciones científicas a nivel nacional, no existe una etiología definida para la enfermedad en la región del pacífico nicaragüense.
Existe consenso que la etiología es multicausal con algunos factores de índole diversa adicionales a los comúnmente conocidos.
En su compromiso con el bienestar de los colaboradores y sus familiares, NSEL ha implementado diversas iniciativas para contribuir a la preservación de la salud de su fuerza laboral.

Como parte de estas medidas se comenzó a practicar exámenes clínicos y de laboratorio a todo trabajador antes del enganche de trabajo a las zafras, como acción de salud preventiva.
Por otra parte se han establecido capacitaciones sistemáticas para el personal médico y de enfermería del hospital del Ingenio y se ha involucrado a los familiares de los enfermos para desarrollar un programa de prevención integral.
Como parte de la política empresarial de NSEL de impulsar mejoras en las condiciones de trabajo de los cortadores de caña, para 1994 se redujo la jornada laboral y se promovió la ingesta de más de 10 litros de agua para cada trabajador, así como buenos hábitos de higiene. En 1995 se inició el suministro de 1500 c/c de solución hidratante a todos los trabajadores de corte de caña por jornada laboral, lo que implicó un trabajo de educación y fomento de esta rutina por parte de trabajadoras sociales que le dieron seguimiento a la medida, y en 1997 se comenzó a controlar la automedicación que acostumbraban los trabajadores.

En el año 2000, NSEL se incorpora a la comisión multisectorial del Ministerio del Trabajo para apoyar las medidas en beneficio de los trabajadores y se establecieron equipos de trabajo para la búsqueda de las probables causas de IRC con instituciones como el INSS, el MINSA, organismos de derechos humanos, representantes de las empresas azucareras y de los trabajadores.
En 2003 se inició el suministro de galletas nutritivas a todos los trabajadores de corte y se continúo la promoción de un estilo de vida saludable, principalmente con relación al consumo excesivo de alcohol, bajo la responsabilidad de trabajadores sociales a los que se sumaron brigadistas de salud.
Adicionalmente, se han implementado otras medidas importantes como la de proveer alimentación balanceada a los operarios en su lugar de trabajo al momento de finalizar la jornada (por lo general a las 11.00 a. m.), y asignar una canasta básica alimenticia para el núcleo familiar.
La práctica de una correcta hidratación y alimentación balanceada de los trabajadores del ISA se ha establecido como una política de la empresa mediante la cual se han regularizado los planes operativos anuales para la promoción de un estilo de vida saludable, así como el desarrollo de programas sociales encaminados a ayudar a los trabajadores a mejorar sus condiciones de vivienda y educación.